Se encontraba a las afueras de la ciudad, a tan sólo 5 minutos en coche o 30 minutos andando. Era una casa ruinosa, llevaba ya cerca de 20 años abandonada, los cristales estaban casi todos rotos y sucios, la fachada estaba ennegrecida por la cantidad de polvareda recibida durante dos décadas, y el camino de entrada apenas se veía, rodeado como estaba de malas hierbas que habían crecido más que de costumbre.
Una apuesta, una maldita apuesta lo ha llevado hasta allí. El joven se apostó con mis amigos que era capaz de pasar toda una noche en la casa de los asesinatos y a cambio sus amigos le darían 500€. Era una buena suma, y para un chico de 16 años era toda una ganga, sólo tenía que pasar una noche allí. Pero ahora que la veía de cerca no estaba tan seguro de aguantar tanto.
Era cerca de la medianoche cuando llegaron. La noche era nublada, y sólo durante unos segundos se dejaba entrever entre algún jirón una luna menguante, haciendo el camino apenas visible incluso con la ayuda de la linterna. De vez en cuando llegaba alguna ráfaga de viento helado como correspondía al mes de febrero. Le recorrió un escalofrío por la espalda. No sabía deicr si lo que me produjo el escalofrío fue el frescor de la noche o la sola visión de la casa.
Sus amigos estaban detrás de él, y los gritos de ánimo y de burla se entremezclaban. Se dirigió al interior de la casa sin mirar atrás. Dentro, la oscuridad era total. Llevaba consigo una linterna y un par de pilas de sobra. En caso de que la linterna fallara, aún guardaba consigo el móvil. Lo había comprobado antes de entrar y se había dado cuenta de que en la zona no había cobertura, lo cual no le gustaba un pelo. Le hace señas a sus compañeros de que ya está dentro, sus amigos lo vitorean y deciden quedarse un rato más para asegurarse de que su amigo no se echa atrás a las primeras de cambio.
"Piensa en los 500€, con ellos te puedes comprar un ordenador nuevo, una Xbox o incluso un iPhone, y dejar de llevar este móvil tan baratero", se dice para animarse. Ilumina hacia el interior de la casa. La oscuridad es total y no ve más allá de unos pocos metros de distancia. Una escalera que sube al segundo piso y dos puertas, la de la izquierda parece ser una cocina y la derecha el comedor. Se dirige a este último. La estancia es bastante amplia, sin muebles. Lo que pasó allí es la misma historia de violencia machista de siempre: el marido mató a su mujer y sus hijos y luego se suicidó. Ocurrió antes de que él naciera pero conocía la historia perfectamente, vivía en un pueblo pequeño y este tipo de tragedias no es algo que se olvide fácilmente.
El parqué está levantado en algunos lugares pero algunos sitios parecen lo bastante lisos para que el chico pueda acampar. Lleva una mochila con un saco de dormir, un termo con café ("mala idea", piensa ahora) y un spray de pintura. Sus amigos le habían dicho que, para que la apuesta estuviera completa, debía firmar la pared con un graffiti y luego echarle una foto. Es lo primero que hace antes de que quedarse dormido. Otra de las garantías de que estaba en la casa era que debía echarle fotos a las estancias cada dos horas para que ellos sepan que he estado allí dentro toda la noche. Pero se da cuenta de que no había cobertura. Decide asomarse por la ventana de al lado de la puerta principal pero allí no hay nadie, sus amigos se han ido. Ya hablaría con ellos sobre las fotos a la mañana.
La casa es bastante tétrica, hace mucho frío, y por suerte se ha traído una chaqueta y unos guantes. Se aburre pero tampoco le apetece vagar por la casa en estos momentos por lo que intenta matar las horas jugando al móvil. Juega hasta que se da cuenta de que le queda menos de un tercio de la batería y tan sólo son las 2 de la mañana. Decide dejar el móvil.
Debería tumbarse y dormir, pero le es imposible. Ahora que ha dejado de jugar con el móvil, no para de oír ruidos que antes no había escuchado. La imaginación juega malas pasadas. Decide levantarse y explorar un poco los alrededores. El salón tiene sólo una chimenea con restos antiguos de carbón. Se dirige de nuevo hacia la entrada. Hay un sombrero colgado en un sombrerero, no se había percatado de su presencia al principio; proyectaba una sombra enorme en lo que parecía una mano engarfiada, qué grotesco. Se dirige a la cocina. Hay muebles viejos, un hogar de gas butano y una puerta entreabierta. Se para, y sopesa si abrirla o no. Finalmente la abre, y unas escaleras descienden hacia el sótano, está demasiado oscuro y no quiere bajar. La cierra y va de nuevo hacia la entrada.
Entonces repara en el retrato. Un cuadro que se encuentra al lado de las escaleras, junto a la puerta que lleva al salón. Una de las esquinas inferiores del cristal que la cubre está rota, y tiene polvo por todos lados. En él se ve a un hombre de unos 30 años, apoyado sobre una especie de cómoda. Una cómoda que, curiosamente se encuentra al lado del chico, justo enfrente del cuadro, y no había fijado hasta entonces. El hombre se encuentra con la mano apoyada en la cómoda, descargando su peso sobre ella. Tiene una buena mata de pelo bien peinado, lleva puesto un esmoquin de color blanco y una pajarita negra. Pero lo que más me incomoda es su cara. Es una cara normal, pero tiene dibujada en su cara una mueca burlona, y sus ojos miran de forma insolente. Parece que me están mirando directamente a mí, burlándose. El chico decide imitar su postura. "¿Qué pasa contigo, chulo?" dice mientras sonríe.
Oye un ruido. Un portazo. El chico se sobresalta, con el corazón desbocado. Venía de la cocina, puede que fuera la puerta del sótano. Pero recuerda haberla cerrado. "Son sólo imaginaciones mías", piensa.
Decide subir al piso de arriba mientras sigue diciéndose que todo había sido producto de su imaginación. Arriba hay 4 puertas: 3 dormitorios y un baño. Las paredes, otrora color blanco, ahora son amarillentas y se encuentras descolchadas, más aún que en el primer piso. Abre la primera puerta, que parece ser el dormitorio principal. Barre la estencia con la luz de linterna. En lo primero que se fija es en la ventana abierta. "El ruido que había oído y que creía que venía del sótano probablemente viniera de las contraventanas", suspira de alivio. Entonces enfoca el suelo. En los tablones se encuentra dibujado un pentagrama satánico, de un color rojo oscuro (¿sangre?) y alrededor hay unas cuantas velas apagadas hace mucho tiempo. "Algún grupo obsesionado con Satán, seguro que han sacrificado algún gato o cualquier otro animalito y han pintado con su sangre esa gilipollez en el suelo", se dice para intentar tranquilizarse, pero el efecto es todo lo contrario. Mientras se da la vuelta para salir, se da cuenta de que hay algo escrito en la pared con un color muy parecido a lo del suelo. "El mal vive aquí", pone.
El chaval ya ha tenido suficiente, no vale la pena pasar la noche allí por 500€, ya hablaría con sus amigos a la mañana siguiente. Sale de ahí y baja las escaleras a todo correr, va al salón para recoger las cosas y largarse. Cuando llego al salón, la linterna empieza a fallar. La luz se está apagando y no ve nada. ¡Mierda! Cambiar las pilas de la linterna va a ser demasiado trabajo, por lo que decide usar la linterna del móvil. Lo activa junto a la cámara de fotos.
Enfoca hacia adelante, y se encuentra con la chimenea. Sobre la repisa se encuentra una lechuza, y al recibir la luz emprende el vuelo, asustada. Pero el chico se asusta más y sale corriendo hacia la entrada. Atraviesa la puerta que da al salón pero algo le engancha. Lo ilumina con el móvil mientras se da la vuelta y no ve nada, pero a través de la cámara del móvil puede ver algo, una especie de silueta. Suelta un grito ahogado y tropieza con sus pies. Mientras cae siente que algo le golpea fuertemente la cabeza. Su respiración se corta, el dolor es tan punzante que durante unos segundos sólo ve chispas delante de sus ojos. Se da cuenta de que se encuentra sentado en el suelo, con la espalda apoyada sobre aquella cómoda. Intenta moverse, pero no puede. Se empieza a marear y los párpados le pesan cada vez más. Tiene la terrible sensación de que, si cierra los ojos, ya no los volverá a abrir nunca más.
El móvil ha caído a un metro de él, boca abajo, y la linterna iluminando la estancia. Puede ver, a través de su mirada nublada, el cuadro de que se encuentra frente a él. El hombre del cuadro le mira, sus ojos ahora se dirigen hacia abajo, observando directamente al chico. Y su mueca se ha ensanchado hasta convertirse en una sonrisa horrible con unos dientes torcidos y grotescos. Mientras la oscuridad rodea al chico, puede oír una horrible carcajada que se hace más y más fuerte. Hasta que exhala su último suspiro.
Era cerca de la medianoche cuando llegaron. La noche era nublada, y sólo durante unos segundos se dejaba entrever entre algún jirón una luna menguante, haciendo el camino apenas visible incluso con la ayuda de la linterna. De vez en cuando llegaba alguna ráfaga de viento helado como correspondía al mes de febrero. Le recorrió un escalofrío por la espalda. No sabía deicr si lo que me produjo el escalofrío fue el frescor de la noche o la sola visión de la casa.
Sus amigos estaban detrás de él, y los gritos de ánimo y de burla se entremezclaban. Se dirigió al interior de la casa sin mirar atrás. Dentro, la oscuridad era total. Llevaba consigo una linterna y un par de pilas de sobra. En caso de que la linterna fallara, aún guardaba consigo el móvil. Lo había comprobado antes de entrar y se había dado cuenta de que en la zona no había cobertura, lo cual no le gustaba un pelo. Le hace señas a sus compañeros de que ya está dentro, sus amigos lo vitorean y deciden quedarse un rato más para asegurarse de que su amigo no se echa atrás a las primeras de cambio.
"Piensa en los 500€, con ellos te puedes comprar un ordenador nuevo, una Xbox o incluso un iPhone, y dejar de llevar este móvil tan baratero", se dice para animarse. Ilumina hacia el interior de la casa. La oscuridad es total y no ve más allá de unos pocos metros de distancia. Una escalera que sube al segundo piso y dos puertas, la de la izquierda parece ser una cocina y la derecha el comedor. Se dirige a este último. La estancia es bastante amplia, sin muebles. Lo que pasó allí es la misma historia de violencia machista de siempre: el marido mató a su mujer y sus hijos y luego se suicidó. Ocurrió antes de que él naciera pero conocía la historia perfectamente, vivía en un pueblo pequeño y este tipo de tragedias no es algo que se olvide fácilmente.
El parqué está levantado en algunos lugares pero algunos sitios parecen lo bastante lisos para que el chico pueda acampar. Lleva una mochila con un saco de dormir, un termo con café ("mala idea", piensa ahora) y un spray de pintura. Sus amigos le habían dicho que, para que la apuesta estuviera completa, debía firmar la pared con un graffiti y luego echarle una foto. Es lo primero que hace antes de que quedarse dormido. Otra de las garantías de que estaba en la casa era que debía echarle fotos a las estancias cada dos horas para que ellos sepan que he estado allí dentro toda la noche. Pero se da cuenta de que no había cobertura. Decide asomarse por la ventana de al lado de la puerta principal pero allí no hay nadie, sus amigos se han ido. Ya hablaría con ellos sobre las fotos a la mañana.
La casa es bastante tétrica, hace mucho frío, y por suerte se ha traído una chaqueta y unos guantes. Se aburre pero tampoco le apetece vagar por la casa en estos momentos por lo que intenta matar las horas jugando al móvil. Juega hasta que se da cuenta de que le queda menos de un tercio de la batería y tan sólo son las 2 de la mañana. Decide dejar el móvil.
Debería tumbarse y dormir, pero le es imposible. Ahora que ha dejado de jugar con el móvil, no para de oír ruidos que antes no había escuchado. La imaginación juega malas pasadas. Decide levantarse y explorar un poco los alrededores. El salón tiene sólo una chimenea con restos antiguos de carbón. Se dirige de nuevo hacia la entrada. Hay un sombrero colgado en un sombrerero, no se había percatado de su presencia al principio; proyectaba una sombra enorme en lo que parecía una mano engarfiada, qué grotesco. Se dirige a la cocina. Hay muebles viejos, un hogar de gas butano y una puerta entreabierta. Se para, y sopesa si abrirla o no. Finalmente la abre, y unas escaleras descienden hacia el sótano, está demasiado oscuro y no quiere bajar. La cierra y va de nuevo hacia la entrada.
Entonces repara en el retrato. Un cuadro que se encuentra al lado de las escaleras, junto a la puerta que lleva al salón. Una de las esquinas inferiores del cristal que la cubre está rota, y tiene polvo por todos lados. En él se ve a un hombre de unos 30 años, apoyado sobre una especie de cómoda. Una cómoda que, curiosamente se encuentra al lado del chico, justo enfrente del cuadro, y no había fijado hasta entonces. El hombre se encuentra con la mano apoyada en la cómoda, descargando su peso sobre ella. Tiene una buena mata de pelo bien peinado, lleva puesto un esmoquin de color blanco y una pajarita negra. Pero lo que más me incomoda es su cara. Es una cara normal, pero tiene dibujada en su cara una mueca burlona, y sus ojos miran de forma insolente. Parece que me están mirando directamente a mí, burlándose. El chico decide imitar su postura. "¿Qué pasa contigo, chulo?" dice mientras sonríe.
Oye un ruido. Un portazo. El chico se sobresalta, con el corazón desbocado. Venía de la cocina, puede que fuera la puerta del sótano. Pero recuerda haberla cerrado. "Son sólo imaginaciones mías", piensa.
Decide subir al piso de arriba mientras sigue diciéndose que todo había sido producto de su imaginación. Arriba hay 4 puertas: 3 dormitorios y un baño. Las paredes, otrora color blanco, ahora son amarillentas y se encuentras descolchadas, más aún que en el primer piso. Abre la primera puerta, que parece ser el dormitorio principal. Barre la estencia con la luz de linterna. En lo primero que se fija es en la ventana abierta. "El ruido que había oído y que creía que venía del sótano probablemente viniera de las contraventanas", suspira de alivio. Entonces enfoca el suelo. En los tablones se encuentra dibujado un pentagrama satánico, de un color rojo oscuro (¿sangre?) y alrededor hay unas cuantas velas apagadas hace mucho tiempo. "Algún grupo obsesionado con Satán, seguro que han sacrificado algún gato o cualquier otro animalito y han pintado con su sangre esa gilipollez en el suelo", se dice para intentar tranquilizarse, pero el efecto es todo lo contrario. Mientras se da la vuelta para salir, se da cuenta de que hay algo escrito en la pared con un color muy parecido a lo del suelo. "El mal vive aquí", pone.
El chaval ya ha tenido suficiente, no vale la pena pasar la noche allí por 500€, ya hablaría con sus amigos a la mañana siguiente. Sale de ahí y baja las escaleras a todo correr, va al salón para recoger las cosas y largarse. Cuando llego al salón, la linterna empieza a fallar. La luz se está apagando y no ve nada. ¡Mierda! Cambiar las pilas de la linterna va a ser demasiado trabajo, por lo que decide usar la linterna del móvil. Lo activa junto a la cámara de fotos.
Enfoca hacia adelante, y se encuentra con la chimenea. Sobre la repisa se encuentra una lechuza, y al recibir la luz emprende el vuelo, asustada. Pero el chico se asusta más y sale corriendo hacia la entrada. Atraviesa la puerta que da al salón pero algo le engancha. Lo ilumina con el móvil mientras se da la vuelta y no ve nada, pero a través de la cámara del móvil puede ver algo, una especie de silueta. Suelta un grito ahogado y tropieza con sus pies. Mientras cae siente que algo le golpea fuertemente la cabeza. Su respiración se corta, el dolor es tan punzante que durante unos segundos sólo ve chispas delante de sus ojos. Se da cuenta de que se encuentra sentado en el suelo, con la espalda apoyada sobre aquella cómoda. Intenta moverse, pero no puede. Se empieza a marear y los párpados le pesan cada vez más. Tiene la terrible sensación de que, si cierra los ojos, ya no los volverá a abrir nunca más.
El móvil ha caído a un metro de él, boca abajo, y la linterna iluminando la estancia. Puede ver, a través de su mirada nublada, el cuadro de que se encuentra frente a él. El hombre del cuadro le mira, sus ojos ahora se dirigen hacia abajo, observando directamente al chico. Y su mueca se ha ensanchado hasta convertirse en una sonrisa horrible con unos dientes torcidos y grotescos. Mientras la oscuridad rodea al chico, puede oír una horrible carcajada que se hace más y más fuerte. Hasta que exhala su último suspiro.
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